A tu lado…

A tu lado,

Los caminos perdidos son el mejor lugar del mundo, las playas son poesía y perderse es volverse a encontrar.

A tu lado,

Las discusiones son precipicios en los que morir, para después renacer más fuertes, más juntos, más eternos.

A tu lado,

El tiempo es brisa, la risa terapia, y las miradas monólogos de un corazón abierto y pleno.

A tu lado,

Los besos son medicina en vena, el lugar de donde jamás quiero regresar, son las olas y la sal, allí donde mueren mis penas.

A tu lado,

Soy capaz de todo y de nada a la vez, soy cobarde y valiente, soy tu yo reflejado y mi futuro inminente.

A tu lado,

Eres mi hogar y mi guarida, mi bote salvavidas.

Eres mi éxito y mi destino.

Las señales de la vida, mi senda, mi camino…

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Ojalá

Yo,

Que presumía de mil aventuras, de espíritu libre y corazón desencadenado.

Yo,

Que a mi edad ya no me asusto por casi nada, que mis arrugas son mi experiencia y mis canas delatan el paso de mis años.

Yo,

Que lo niego todo y que mis principios ya huelen a final, que mis enemigos ahora quieren ser mis amigos y mis verdades ya no lo son tanto…

Solo te digo ojalá,

Ojalá puedas vivir la noche soñada, la que todo el mundo ansía pero mueren sin conocer.

Ojalá puedas sentir el mar tan cerca que el olor a sal impregne tu alma, que las olas sean la banda sonora de tu vaivén y que no sepas si estás viviendo o estás flotando.

Ojalá puedas querer tanto a alguien como te quieres a ti mismo, y sientas el sexo como la culminación del amor verdadero, y no como una mercancía, una rutina o un deseo efímero.

Ojalá puedas sentir que excitas a alguien con solo besar su mano, que cuando te mire sus pupilas sean agujas que curen tu corazón enfermo, que su piel tostada sea tu mejor poema, que su cabello te roce y te haga erizar la piel, que su mirada sea el faro que ilumine tu senda.

Ojalá camines a su par y no te preocupe perderte, ni cagarla, ni echarlo todo a perder, y que te lleve a lugares prohibidos y te sientas vulnerable sin temor al pecado ni a la culpa.

Ojalá puedas echar de menos a alguien incluso antes de haberse ido, que deje en ti huellas y no cicatrices, que su recuerdo esté siempre presente y su ausencia te haga sonreír.

Ojalá vivas tan intensamente que llores de rabia y luego rías de alegría con las mismas lágrimas que te hicieron enfadar.

Ojalá pierdas el control y  tu ruta de vida, que te remuevan, te descoloquen, te agiten y te hagan sentir escalofríos.

Ojalá puedas volver al equilibrio, a la calma, a la paz y la armonía fundidos en un solo abrazo.

Ojalá vivas lo que yo he vivido y te des cuenta que lo de antes eran ensayos. Que quizás tenías alas pero probablemente estuvieran mojadas.

Ojalá vivas esa noche, y nunca jamás despertar…

 

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El mapa del tesoro

Me dijo que tenía un tesoro y yo, experto marinero, no dudé en encontrarlo. Primero nos miramos, esa fue la primera puerta. Intuí que estaba abierta, pues me miró como si lo estuviera deseando. Después la abracé. Así, sin concesiones. Y ella me abrazó a mí. Y juntos nos envolvimos en un ser único, invencible, seguro, acogido y querido. Y después siguió la búsqueda. Recorrí sus mares, sus fosas y sus guaridas. Navegué por toda su piel. Mis velas izadas eran empujadas por la fuerza de sus susurros, cada vez más intensos. Ojos cerrados, almas abiertas de par en par.

De repente la fuerza de un sol me iluminó. Por estribor, tatuado en su brazo derecho. Salí a su búsqueda, a besos y caricias. Poco a poco bajé por su espalda, un océano infinito de sensaciones. Espíritu mochilero. Aventuras como pocas. El viaje de mi vida. El mapa del tesoro estaba cada vez más cerca. Piel erizada. Iba por la buena dirección. Golondrinas revoloteaban a mi alrededor, en toda su esencia. Momento mágico, único.

En estos mares han desaparecido muchos sueños, náufragos del amor y naves a la deriva, pero también es territorio de piratas auténticos y ladrones de pasiones. Y yo era uno de ellos. Y así, como sirenas de mar abierto, nos envolvimos en naturaleza pura y salvaje, en tormentas perfectas y huracanes de pasión. Salimos vivos. El tesoro lo encontré. Era ella. Todo ella. Un diamante en bruto. Una perla en extinción. Cuanta razón.

La auténtica felicidad está en en el camino, en el viaje, en la búsqueda…

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Urgencias

De un día para otro me vi entre el todo y la nada. Parece mentira cómo puede cambiar una vida en cuestión de horas, minutos, segundos… Sin saber ni cómo ni por qué, acabé en urgencias con una operación de peritonitis aguda. Fue un lunes, y los lunes la gente trabaja, va al gimnasio, a la compra…pero ese día aprendí que también se puede enfermar. Como a mí me pasó. Pasaron los días, y la vorágine de visitas poco a poco se fue diluyendo. Y allí estaba yo. Con mi dolor agudo, mi cabeza que volaba, mi mente enferma y mi corazón en soledad. Recuerdo cuando llegaban mis padres al mediodía a verme. Era increíble. Yo me encontraba realmente mal, y ellos lo sabían. Resulta curioso que, cuando te encuentras enfermo, la compañía en su esencia te cura. Sin mediar palabra. Mis ojos daban todas las respuestas a sus preguntas. Ellos venían, me saludaban, y se sentaban a mi lado para ver la novela o a leer mientras el sol de tarde de invierno calentaba la habitación tras la ventana. Esa imagen no se me olvidará nunca. Aquella compañía curaba más que cualquier medicina, os lo puedo asegurar. Pero después se iban, justo cuando la noche me venía a hacer compañía. La noche, lugar de fantasmas, ladrones y peligros, pero también territorio de poetas, soñadores, luciérnagas y hadas madrinas. Y yo conocí una.

Según me contó, trabajaba en turno de noche desde hacía más de diez años porque es cuando realmente la gente lo necesita. Entraba a mi habitación a oscuras, para no despertarme, y lo hacía en silencio para no molestar mi tranquilidad y la paz que necesitaba. Nunca jamás vi su rostro. Me comentó que la peritonitis era un síntoma de que mi alma estaba enferma. Que si escucháramos más a nuestro cuerpo nos daríamos cuenta que es el corazón el que se manifiesta. Entendió desde el principio que no tenía que darme sólo antibióticos en vena. La verdadera medicina era su cariño hacia un desconocido. Me decía buenas noches deseándomelas de verdad, y después cerraba la puerta de la habitación con mucho tacto. Tenías que estar muy atento para escuchar el sonido de la puerta al cerrar. Estuvo siete noches seguidas viniendo a cuidarme, no a curarme. Pero un día, me dieron el alta. Por la mañana. Y no me pude despedir de ella.

Una semana más tarde fui al hospital muy temprano, de visita rutinaria post-operatoria. Por el pasillo de camino a la habitación, una voz me hizo enmudecer. Era ella. Por fin pude ver su rostro. Y sonreía. Estuve tentado, pero no le dije nada. Hay sueños de los que uno prefiere nunca despertar…

Después de la visita, el ascensor del hospital paró en una planta intermedia. Era la planta de recién nacidos. En aquel instante subió una pareja con un bebé que acababa de nacer hacía pocas horas. Y sus palabras se clavaron en mi alma. “Buenos días”, dijeron. “¡Qué preciosidad de bebé!”, contesté. “Eres su primer contacto con el mundo exterior. Muchas gracias por regalarle tu sonrisa”.

Esos días aprendí por qué se llama Urgencias al lugar en el que hay que amar de manera urgente. Me pregunté quién fue la primera persona que al nacer se cruzó en mi camino. Me pregunté si soy el tipo de persona que ese bebé se merecía conocer por primera vez en su vida, y si no, qué podría hacer para cambiar. Aprendí lo que cura una buena compañía y la tranquilidad de saber quién estará a tu lado pase lo que pase. Aprendí que el cariño que recibí de aquella enfermera, era la sonrisa que a su vez yo regalé a ese bebé. Aprendí lo que cura el silencio, la paz y el descanso. Ojalá no hiciese falta, pero a veces creo que todos tendríamos que pasar en algún momento de nuestra vida por una circunstancia que nos hiciera tambalear, sacudir y recolocar. Y es que dicen que la verdadera felicidad está en lo sencillo, pero qué difícil es ser sencillo…

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A vivir que son dos días…

Cada vez me cuesta más diferenciar mi vida personal de mi vida laboral, y creo estoy de enhorabuena. Lo sé, soy un tipo con suerte y mi trabajo me está costando. Y es que intento vivir cada momento de mi vida al máximo y procuro sacar el máximo aprendizaje de toda situación.

Solo se debería morir una vez en la vida. Lucho a cada instante por encontrar una motivación que me ayude a aprender, crecer y mejorar. Nunca rechazo un abrazo ni una sonrisa. Creo en el valor de la amistad y del amor. Aprendí a golpes que solo la verdad sabe a verdad y que a cada mentira que lanzas crece exponencialmente tu falsedad. Desconfío de los lobos con máscara de oveja, de los disfraces de apariencias y las copias de representaciones. Valoro la autenticidad de las personas, su humildad, su nivel de tolerancia y su respeto a las diferencias.

Me gusta que me escuchen, y sé de la importancia de escuchar. Aprendí que la felicidad es mucho mayor si es compartida, y creo que el altruismo, la bondad y la empatía deberían inundar el planeta. Intento cada día pedir perdón y dar gracias. Me declaro activista social contra la injusticia en cualquiera de sus versiones. Conozco el peligro de desnudar mi corazón, pero si me conoces sabes que no presumo de inocencia.

Pensarás que soy un soñador y que todo esto suena a utopía, incluso a fantasía. Pero lo cierto es que hoy salí de nuevo a vivir y encima me pagan por ello. Es la mayor lección que puedo enseñar mañana a mis alumnos.

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Poesía canalla

No fue porque me besó una romántica y soleada mañana primaveral paseando por las calles de Roma el día de San Valentín. Fue por un morreaco que me dió mientras el freno de mano se me clavaba en la nuca. Y ebrios.Y con olor a polígono. Y en un descampado del área metropolitana. Por eso la amaba…

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